lunes, 6 de febrero de 2012

El largo camino para los mercados emergentes



Los hábitos arraigados pueden ser difíciles de cambiar, y eso definitivamente es cierto para las inversiones en los mercados emergentes. Pese la constante evidencia de que, como un todo, los mercados emergentes tienen un mayor potencial de crecimiento, posiciones fiscales más fuertes y mejores demografías, la predisposición en la conducta de los inversionistas es pensar que los mercados de esos países son afectados incluso cuando los problemas financieros claramente provienen de otras partes. Los inversionistas necesitan cambiar su manera de pensar.

En el 2011, los mercados desarrollados enfrentaron enormes problemas: la crisis de la zona del euro, la rebaja en la calificación de Estados Unidos, el sismo en Japón. Aunque hubo temores sobre la inflación en los mercados emergentes y sobre el crecimiento de China, los funcionarios de esos países no tienen sus manos atadas por tasas de interés cero, y aún pueden ofrecer estímulos fiscales. Pero los mercados emergentes pagaron el precio. El índice de Mercados Emergentes MSCI cayó un 20,4%, muy por debajo del desempeño del índice mundial MSCI, en cual descendió un 7,6%. Los inversionistas retiraron US$48.000 millones de los fondos de inversiones en acciones de mercados emergentes, mientras que los flujos hacia la deuda de mercados emergentes se estancaron desde agosto. La depreciación del tipo de cambio significa que los bonos en moneda local generaron pérdidas en términos de dólares. Los bonos soberanos denominados en dólares de los mercados emergentes tuvieron un rendimiento del 8,5%, según el índice mundial EMBI de JP Morgan, pero fueron impulsados principalmente por el alza generalizada que registraron los bonos del Tesoro de Estados Unidos, los cuales generaron un rendimiento del 13,5%, pese al gigantesco déficit de Estados Unidos.

Hay dos razones clave para esto. Una es el deseo de liquidez cuando aumenta la aversión al riesgo: pese a la profundización de los mercados de capitales en los mercados emergentes, no pueden competir con los de los mercados desarrollados, y en particular con los bonos del Tesoro de Estados Unidos. Segundo, pese a la relativa fortaleza de las economías emergentes, una inversión en mercados emergentes frecuentemente es considerada una adición de riesgo a las carteras.

Pero los inversionistas deben pensar en los mercados emergentes como una manera de diversificar el riesgo. Supuestamente los títulos sin riesgos de los mercados desarrollados, como los bonos de los gobiernos de la zona del euro, se han transformado en cualquier cosa menos eso. Todos los títulos -incluso los del Tesoro de Estados Unidos- implican riesgo. Algunos están comenzando a darse cuenta de eso: los encargados de finanzas de las compañías y empresas de seguros están dando sus primeros pasos hacia la deuda de países emergentes, dice Jerome Booth de Ashmore, una firma de inversiones dedicada a los mercados emergentes. Eso incluye inversiones para la administración de efectivo, una actividad tradicionalmente muy conservadora.

En tanto, el bajo desempeño que registraron el año pasado los activos de mercados emergentes simplemente significa que tal vez haya más oportunidades en el 2012, al menos para los inversionistas que están dispuestos a cambiar la antigua manera de pensar sobre el riesgo.

Wall Street Journal.

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